viernes, 26 de agosto de 2016

Guantanamera


Vídeo publicado el uno de julio de 2014 
en Youtube por Playing For Change

“Te invitamos a disfrutar de una canción, "Guantanamera". Comienza con Carlos Varela, en La Habana y sigue con más de 75 músicos cubanos, de La Habana, de Santiago de Cuba, de Miami, de Barcelona y de Tokio. Hemos grabado y producido esta versión con Jackson Browne, para quien hacer algo que pueda propiciar el cambio en Cuba ha sido una de las más gratificantes e inspiradas experiencias musicales de su vida."



                            


Playing For Change es un movimiento creado para inspirar y conectar el mundo a través de la música.   


jueves, 18 de agosto de 2016

Yo canto su elegancia con palabras que gimen. Homenaje a Federico García Lorca en el 80 aniversario de su muerte



Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

Así acaba el poema que Federico García Lorca dedicó al torero Ignacio Sánchez Mejías, gran amigo suyo, cuando murió de una cogida en 1934. Juan Antonio Bardem, en su serie Lorca, muerte de un poeta, decidió que la película terminase con estos versos, pero dedicados esta vez a Federico. Creo, hoy más que nunca, que fue una decisión cabal. Leed de nuevo esos versos y veréis que son la quintaesencia de Lorca.


La Elegía de Antonio Machado a Federico

El 18 de agosto de 1936 Federico fue fusilado por los franquistas en Granada. La enorme conmoción en todo el país hizo brotar de lo más hondo de Antonio Machado una impresionante Elegía dedicada al poeta asesinado, El crimen fue en Granada, y fue dada a conocer en el semanario republicano Ayuda. Dicha Elegía nunca pudo ser publicada en la España de Franco.

El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.
El poeta y la muerte
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»…

Se le vio caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!






Mi pequeño homenaje

Hoy se cumplen ochenta años de aquella infamia, que yo creo que simboliza cabalmente la catástrofe que fue la guerra civil. Ochenta años en los que se ha pasado del silencio y el miedo de los cuarenta al recuerdo universal que hoy se le tributa a Federico. Ochenta años, en los que Lorca se ha ido convirtiendo en el escritor español más universal junto con Cervantes.

Reúno aquí, como pequeño homenaje, poesías de Federico y recuerdos diversos, cosas que han ido caminando conmigo de escuela en escuela, de clase en clase. Otras, descubrimiento personal y lectura intimista.


En la Escuela

Una poesía de Federico, El niño mudo, me ayudó durante muchos años en mi propósito de que los chicos y chicas de primero de ESO del Instituto “Emperatriz María de Austria”, de Madrid, leyeran en alto, descubrieran el placer del texto y disfrutaran de la alegría de las voces sonando al unísono.

Y otra, Romance sonámbulo, me permitió, en octavo de EGB, que mis alumnos del Colegio Público “Antonio Machado”, de Madrid, y los del C. P. “Santo Cristo”, de Numancia de la Sagra (Toledo), descubrieran con interés la poesía de Lorca.

Nunca olvidaré el estupendo trabajo de los chicos y chicas del Colegio Público “Juan de Herrera”, de la UVA de Vallecas, de Madrid, cuando montamos El retablillo de don Cristóbal, donde ellos eran los muñecos y se movían como tales.

El niño mudo
 El niño busca su voz.
 (La tenía el rey de los grillos.)
En una gota de agua
 buscaba su voz el niño.

 No la quiero para hablar;
 me haré con ella un anillo
 que llevará mi silencio
en su dedo pequeñito.

 En una gota de agua
 buscaba su voz el niño.
 (La voz cautiva, a lo lejos,
 se ponía un traje de grillo.)



Romance sonámbulo

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.
*
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
*
Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
*
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.
*
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
*
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.





Viaje a Granada. Enero de 2016

Una sorpresa: no hay ni una calle dedicada a Federico; sí un parque, dentro del cual está la Huerta de san Vicente. Hermosa casa museo. Emoción intensa al ver la mesa del poeta.

Libros comprados y luego leídos:

·       Federico y su mundo, de Francisco García Lorca
·       Mis recuerdos, de Isabel García Lorca
·       Miedo, olvido y fantasía: Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca, de Marta Osorio
·       Diván del Tamarit, de Federico
·       Historia La Huerta de san Vicente

Visita al Centro García Lorca, la sede de la Fundación, que está esperando los fondos del poeta, depositados en la Residencia de Estudiantes.

Desconcierto al no ver placas que recuerden a Lorca: en las casas donde vivió, los lugares que frecuentaba, los sitios de la ignominiosa pasión y muerte…
(Alguna excepción: la mesa de la tertulia El Rinconcillo, del antiguo café Alameda, hoy dentro del restaurante Chikito).

Pero todo en Granada me recordaba al poeta: la luz, las casas, la gente, la Alhambra, la casa de Falla, los paseos, el Albaicín, la Alcaicería…




Y, siempre, esa poesía musicada por Leonard Cohen, esa serie de Juan Antonio Bardem, ese teatro de Federico, esos dibujos, el cine, los amigos, la Residencia, Nueva York, Cuba, Argentina, La Barraca, su extraordinaria personalidad, su valentía al vivir su sexualidad lo más libremente que pudo, su familia, el exilio de sus padres y hermanos, la tumba que nunca se encuentra, el maestro Dióscoro Galindo y los dos banderilleros con los que compartió su terrible final…



Mi pequeña antología


Romance de la luna
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.

La aurora de Nueva York
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
a veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.


 Baladilla de los tres ríos
El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor
que se fue y no vino!

El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!

Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor
que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques,

¡Ay, amor
que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor
que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!


Pequeño vals vienés
En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.



Casida del llanto

He cerrado mi balcón
porque no quiero oír el llanto
pero por detrás de los grises muros
no se oye otra cosa que el llanto.


Hay muy pocos ángeles que canten,
hay muy pocos perros que ladren,
mil violines caben en la palma de mi mano.


Pero el llanto es un perro inmenso,
el llanto es un ángel inmenso,
el llanto es un violín inmenso,
las lágrimas amordazan al viento,
no se oye otra cosa que el llanto.

Gacela del mercado matutino

Por el arco de Elvira
quiero verte pasar,
para saber tu nombre
y ponerme a llorar.
¿Qué luna gris de las nueve
te desangró la mejilla?
¿Quién recoge tu semilla
de llamaradas en la nieve?
¿Qué alfiler de cactus breve
asesina tu cristal?

Por el arco de Elvira
voy a verte pasar,

para beber tus ojos
y ponerme a llorar.
¡Qué voz para mi castigo
levantas por el mercado!
¡Qué clavel enajenado
en los montones de trigo!
¡Qué lejos estoy contigo,
qué cerca cuando te vas!


Por el arco de Elvira
voy a verte pasar,
para sentir tus muslos
y ponerme a llorar.

Gacela del amor que no se deja ver

Solamente por oír
la campana de la Vela 

te puse una corona de verbena.

Granada era una luna
ahogada entre las yedras. 


Solamente por oír
la campana de la Vela
desgarré mi jardín de Cartagena.


Granada era una corza
rosa por las veletas.


Solamente por oír
la campana de la Vela
me abrasaba en tu cuerpo
sin saber de quién era.

Gacela de la muerte oscura

Quiero dormir el sueño de las manzanas
alejarme del tumulto de los cementerios.
Quiero dormir el sueño de aquel niño
que quería cortarse el corazón en alta mar.


No quiero que me repitan que los muertos no pierden la sangre;
que la boca podrida sigue pidiendo agua.
No quiero enterarme de los martirios que da la hierba,
ni de la luna con boca de serpiente
que trabaja antes del amanecer.


Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto;
que haya un establo de oro en mis labios;
que soy un pequeño amigo del viento Oeste; 
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.


Cúbreme por la aurora con un velo,
porque me arrojará puñados de hormigas,
y moja con agua dura mis zapatos
para que resbale la pinza de su alacrán.


Porque quiero dormir el sueño de las manzanas
para aprender un llanto que me limpie de tierra;
porque quiero vivir con aquel niño oscuro
que quería cortarse el corazón en alta mar.










domingo, 14 de agosto de 2016