lunes, 21 de marzo de 2011

El barranqueño: un modelo de lenguas en contacto

 
María Victoria Navas Sánchez-Élez

María Victoria es Profesora Titular de la Universidad Complutense de Madrid. Imparte clases en la Facultad de Filología y es considerada una autoridad en El dialecto barranqueño. A este tema le ha dedicado muchos artículos, que ahora ha reunido en un libro que será editado próximamente por la Editorial Complutense.

También ha investigado y editado textos de Gil Vicente, ha estudiado y editado el Libro del infante don Pedro y es especialista en Bibliografía lingüística de la Raya entre España y Portugal. Ha escrito también el libro Romancero y Cancionero de Los Navalmorales (Toledo), su pueblo, y actualmente sigue publicando, en revistas de Filología y Literatura, artículos sobre autores gallegos del exilio, autores contemporáneos portugueses y diversos temas de dialectología. Además participa en diversos proyectos de investigación de su Universidad.



Su forma de trabajar es discreta, continuada y firme. De sus maestros aprendió el oficio y a él dedica muchas horas de su vida. La humildad de Mª Victoria oculta un rigor poco usual, por eso creo que la universidad española no es suficientemente considerada con ella, cosa que sucede con otros muchos profesores. 

Yo aprecio mucho sus trabajos, como antiguo compañero de estudios, como licenciado en románicas, aunque me dedique a enseñar en otros ámbitos, y como amigo. Además tengo la suerte de ser su marido y de compartir mi vida con ella. Por todo ello traigo aquí, a este blog,  el artículo con el que comenzó a publicar sus investigaciones sobre el barranqueño, un dialecto de base castellana y portuguesa. 

Comienzo del artículo


1. INTRODUCCIÓN

Esta comunicación intenta ser una sucinta presentación de un trabajo en curso sobre el barranqueño, desarrollado a partir de datos recogidos después de estancias prolongadas, entre 1987 y 1990, en la comunidad de Barrancos.

Tiene como fuentes un total de 60 entrevistas, realizadas a partir de un cuestionario que recoge diversos estilos, desde el más formal —lectura de pares de palabras— al más informal —conversación dirigida—y, también, la observación directa, llevada a cabo en los varios meses de permanencia en la localidad.

La investigación aborda el estudio del barranqueño desde el punto de vista de la variación; es decir, trata de explicar la variabilidad que existe en el dialecto inherente a todo sistema lingüístico. Partiendo del principio de que el barranqueño no es un dialecto homogéneo, sino que presenta fenómenos de variación —que a su vez están sometidos a reglas no arbitrarias: categóricas y variables— el trabajo se propone dar una información precisa, basada en la estadística, sobre la influencia que los factores lingüísticos  o extralingüísticos tienen sobre la posible realización de una variante de un determinado locutor perteneciente a un determinado grupo.

En esta ocasión, sin embargo, cuando se describe el dialecto referido, apenas se muestra una panorámica general de sus rasgos característicos, sin establecer relaciones de covariación entre hechos lingüísticos y cxtralingüísticos e individuos.








2. LA FORMACIÓN DEL DIALECTO BARRANQUEÑO

La situación geográfica, la historia y el aislamiento de Barrancos han hecho posible la creación de un dialecto fronterizo, hablado en contexto plurilingüe, producto del contacto lingüístico prolongado entre habitantes de dos lenguas románicas diferentes: el portugués —variedad alentejana— y el castellano —variedades andaluza y extremeña.










3. LA SITUACIÓN GEOGRÁFICA
 

Barrancos es una población portuguesa de unos 3.000 habitantes situada en el Bajo Alentejo, al Este del distrito de Beja, en la margen izquierda del Guadiana. Su superficie de 188 km2, se introduce en España como una cuña, limitada en parte por el río Ardila, que forma frontera con tierras andaluzas -Encinasola en el N.O. de la provincia de Huelva- y extremeñas -Oliva de la Frontera al S.E. de la provincia de Badajoz-.



martes, 15 de marzo de 2011

Ética del no hacer



Ética del no hacer
Entrada de Antonio Muñoz Molina en su blog

15 de marzo de 2011
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No creo que tengamos que elegir entre tecnología y primitivismo, entre progreso material insostenible y sombría austeridad. Gracias a la tecnología se diseñan ahora edificios más responsables ecológicamente que nunca. Si hay remedio para la catástrofe ambiental que ya está sucediendo en el mundo no vendrá del rechazo de l tecnología sino de su empleo inteligente, guiado por audaces decisiones políticas, por cambios radicales pero no dolorosos en el comportamiento de todos los días. Discutiendo sobre qué hacer, de una manera muy occidental, se nos olvida la importancia del qué no hacer. En la conciencia ecologista el no hacer es tan valioso como la no violencia en política, y tan afirmativo. Casi cada día paso, en la calle Once, entre la sexta y la quinta avenidas, junto a un pequeño cementerio sefardí con las lápidas casi borradas, junto a una casa en la que vivió Charles Ives entre 1908 y 1911, junto a un bello edificio de los años sesenta -el único moderno en la manzana- que pertenece a la New School, la universidad que fundaron al final de los años treinta Hannah Arendt y un grupo de exiliados europeos del nazismo. En la puerta de la New School hay un cartel con tres palabras que leo todos los días:
Reduce.
Reuse.
Recylcle.
No creo que sea un antojo de ciudadanos consentidos de los países ricos: es a los pobres a los que ya está afectando más el cambio climático. Hacer cosas siempre es mucho más difícil que no hacerlas, y puede tener más efectos indeseados. Para estar en forma nos animan a que hagamos ejercicio, a que vayamos al gimnasio, a que tomemos esta vitamina o esta otra. Pero más eficaz que hacer todo eso es no hacer algunas otras cosas: no comer demasiado, por ejemplo, no tomar habitualmente bebidas carbonadas o carnes rojas, privarse de comida basura. En una noche de celebración la última copa que uno no se toma es la que mejor le sienta. No hay energía más limpia que la que no se gasta de manera superflua. No hay palabra más útil que la que dejamos de decir conteniéndonos en un momento de ira. En los árboles todavía desnudos de Nueva York hay con frecuencia bolsas de plástico enganchadas en las ramas, flotando al viento como banderas tibetanas de oración: basta salir con un capazo a hacer la compra cada día para ahorrarse no sé cuántos cientos de bolsas de plástico al año. Guardar una botella de agua y rellenarla en un grifo o una fuente mejora modestamente el mundo. El agua del grifo o de la fuente en un país desarrollado es más fiable que la embotellada.
Lo más beneficioso, lo más sabroso, resulta ser también lo que produce menos despilfarro: unas lentejas con verduras cuestan muy poco, dan de comer varios días y pueden ser deliciosamente saludables. Ir a pie de un lado a otro es mucho más barato y más austero que ir en coche o en taxi, y además lo mantiene a uno en forma sin que le haga falta gastar la mensualidad de un gimnasio. El metro o el autobús son excelentes lugares de lectura, o para escuchar música o para observar a la gente. No hay que elegir entre la anestesia y la salvación del planeta. Hay que elegir, eso sí, cada día, entre lo necesario y lo superfluo. Y quizás reflexionar como Sócrates ante el bullicio de los vendedores del mercado de Atenas: “Cuántas cosas hay que yo no necesito”.

sábado, 5 de marzo de 2011

Invierno en Madrid



Aquí, Madrid, mil novecientos
cincuenta y cuatro: un hombre solo.

Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes -y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso...-

Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo.

-Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto-.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

Ángel González, Áspero mundo














 

Malamoneda ( Toledo )

La Encamisada de Menasalbas (Toledo)