lunes, 26 de diciembre de 2011

Dos cuentos de Navidad


El manubrio

Me gustaba mucho subir a la sala de abuela y pasar las yemas de los dedos por la tapa del manubrio, mientras imaginaba cómo sonaría su música. Cuando abuela cerró el salón de baile, mandó trasladar aquel aparato a la sala y prohibió colocar la manivela mientras durase el luto por abuelo. El espacio del salón quedó vacío pero en su quietud aún flotaban confidencias y canciones  de otros tiempos. Y la sala, con aquel organillo mudo, era un imán que me atraía poderosamente.
Pero un día, después de muchos años de luto y silencio, llegó el momento largamente esperado. Cuando ya había terminado la cena de Nochebuena y todos estábamos en la sala tan contentos, abuela mandó a tía Berta que trajese la manivela del manubrio y se la diese a tío Satur. En cuanto éste la tuvo en su mano, nos miró a todos y se hizo un silencio complaciente que él alargó buscando el rollo de música. Lo colocó en el aparato, se echó el sombrero para atrás, giró la manivela y sonó aquella canción: “Niña Isabel, ten cuidado, donde hay amor, hay pecado...” A medida que avanzaba, se iban uniendo  voces a la música hasta que todos terminaron a coro: “...niña Isabel, azucena”.  
Al morir abuela Amparo, mi padre, uno más en el reparto de la herencia, pudo ver cómo las huertas que él mejoró con su esfuerzo pasaban a otras manos después de las particiones. Lo que más le dolió fue que la Cerraílla, la huerta en la que tanto trabajó haciendo zanjas y saneando trampales, no le correspondió a él sino a su hermana Victoria. Lo que sí le tocó, menos mal, fue la parte de atrás de la vivienda, el corral contiguo, la teña y la huerta Marialba. Todo se repartió salvo el manubrio, que quedó en casa de tía Pilar, con los demás muebles de la sala de abuela. Algunos años después, cuando mi padre, enfermo y necesitado de dinero, quiso disponer de su parte del organillo, nadie le dijo “yo compro tu parte”, así que decidieron venderlo. Aquella caja de música cargada de recuerdos se la llevaría algún buhonero espabilado.Y con ella se fue también el símbolo de la alegría de aquella Nochebuena, cuando todos cantaron al unísono “Niña Isabel, ten cuidado”.


                                  

Reyes Magos

Mi madre está sentada en la cama y mi padre está a su  lado, un poquito incorporado sobre la almohada. Me han llamado para que vea lo que me han dejado los Reyes en los zapatos, que había colocado la noche anterior junto al balcón de la sala. Algo nervioso los recojo y pongo los paquetes encima de la cama. Voy abriéndolos con ilusión: caramelos, calcetines, dos naranjas, un parchís y  ¡un libro con dibujos de colores! Enseguida lo abro, leo su título en alto- “El flautista de Hamelín”- y miro las primeras páginas, embelesado con los dibujos del músico que engatusaba a los ratones.
-¿Te gusta lo que te han traído los Reyes?- me pregunta mi madre.
-Sí, mucho- le contesto mientras me abraza.”

Me fui a mi alcoba y allí leí de cabo a rabo aquel cuento, que me hablaba de un músico seductor y de unos ingenuos ratones que amaban la música. Cuando lo terminé, no sabía qué me había gustado más, si la historia que había leído o la música que creí oír al leerlo.
Igual que los ratones seguían al flautista por las calles del pueblo, camino del río, así iba yo detrás de los músicos cuando venían a la función de Aravalle e iban tocando por las calles para animar a la gente. Me gustaba ver la precisión con la que Ligero tocaba el tamboril, los platillos y el bombo para marcar el ritmo de las canciones. Y la de Telesforo, el trompeta del pelo rizado, que obtenía de su instrumento melodías armoniosas con sólo apretar las teclas. Pero quien sin duda captaba mi atención más que ninguno era Amadeo, el del saxofón, que arrancaba de aquel sinuoso aparato desde el sonido más vivo hasta la pasión más desgarradora. Lo peor era cuando acababa la función y los músicos se iban de Aravalle. Durante varios días yo seguía oyendo sus canciones en mi cabeza hasta que poco a poco, todos los sonidos volvían a su cauce y ya sólo sonaría la música en la radio de tío Saturnino.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Cesaria Évora para siempre





Acabo  de enterarme de que Cesaria Évora ha muerto. Y he sentido como una punzada de sorpresa y de tristeza. Enseguida me he acordado de cuando en noviembre de 1994 supe de ella por primera vez al oírla cantar en el coche de Mariví, yendo de Covarrubias a Silos. Me gustó tanto que he seguido todos sus discos y he ido a algunos de sus conciertos en Madrid. Me gusta su forma de cantar, su voz, su presencia en el escenario y su manera de estar en la vida.

Hace dos años fui a verla en el programa de los veranos de la Villa de Madrid, en la Casa de Campo, y escribí una pequeña crónica, que traigo aquí como recuerdo de esta gran cantante.

"Ayer, en la Casa de Campo, estuvimos viendo y oyendo a Cesaria Évora y su grupo, en un recital limpio, profesional, muy conjuntado y en el que todos los músicos mimaban siempre la voz de la cantante caboverdiana.
Desde 1994 vengo siguiéndola, y tengo que decir que cada día me parece mejor cantante. Y además quiere a su público, sabe darle sus canciones y sigue cantando descalza, como cuando cantaba en el puerto de San Vicente en su Cabo Verde. Hace una paradita para fumar, mientras sus músicos rozan la perfección.
En los bises nos levantó y nos hizo bailar a todos. Me gustó verla, saber que sigue cantando, lo de antes, mornas, y lo nuevo, donde va dando cabida al saxo, al violín y al clarinete.
¡Qué versión de "Angola, Angola"! Era la perfección: voces, cavaquiño, guitarra, piano, batería, percusión, clarinete, violín, bajo...Todo era un ensamblaje que rozaba lo sublime.
¡Viva África!
¡Viva Cabo Verde!
¡Viva Cesaria Évora!

sábado, 3 de diciembre de 2011

Maratón en Donosti





Como siempre por estas fechas Javier, mi hermano, me acaba de enviar su crónica sobre el maratón donostiarra. Enhorabuena una vez más, Javi.

El paso de la oca

No fue mala la idea de Pipilutxi de hacernos la foto de familia fuera de la pizzería, justo ante el escaparate de Euronovias, porque, visto el panorama general, el riesgo de este maratón estribaba en quedarse compuesto y sin euro, quiero decir, sin medalla ni camiseta, a tal punto hemos llegado. De este modo, la cita histórica quedó registrada ante la maniquí de blanco y ante la de negro (cada quien con su prima, sin demasiado riesgo), para celebrar (im)previsibles triunfos y fracasos seguros en carrera.
 Lo cierto es que esta vez la preparación se me había quedado algo corta de kilómetros; entre los problemas laborales y el frustrado paso por quirófano a finales de agosto, me presentaba sin haber hecho los deberes como a uno le gusta hacerlos, de manera que decidí salir reservón y esperar a ver lo que la mañana iba dando de sí. Al primer paso por Anoeta, me encuentro con Luis y David, que van con la euforia de la primera vez y por lo tanto con ganas de verlo todo y compartir impresiones. Como a uno no le molesta hacer de guía y cicerone durante esta fase relajada de la carrera, acompaso mi ritmo al de ellos y viajamos juntos hasta el 27, clavando kilómetros a 4.50, que es lo previsto.
 El doble paso por Gros, una novedad en el recorrido, me descubre una nueva cara de la ciudad, otro aliciente en esta mañana fresquita y con viento en calma, ideal para correr, así que casi sin advertirlo pasamos la Concha y enfilamos la bajada por Tolosa hasta la universidad. De vuelta, Gloria y Daniel esperan con algo de alimento para ir cerrando la primera vuelta, ese punto de carrera que siempre se me ha atascado en Donosti. Pasamos la media según lo previsto, y ya de paso decido romper el maleficio: avivo un poco el ritmo en cuanto cruzamos el estadio.
 Al contrario que otras veces, apenas tengo molestias bajando por Urbieta, lo que interpreto como un síntoma de que las cosas no van a salir del todo mal. En el cruce con Libertad, espera de nuevo la familia. Hay mucha gente en esa esquina, así que levanto la vista y les busco sin reparar en que uno debe ir mirando el suelo por donde pisa. Total, le pego una patada a un cono, que sale disparado hacia la acera. Lo primero que pienso es que se me ha chafado el pie y que voy a darme de bruces con el asfalto, pero esta vez la prima de riesgo está de mi parte, y todo queda en susto. En ese momento, ya sé que la carrera es mía, aunque falte casi un tercio del recorrido para llegar a meta.
 El nuevo paso por la playa me trae a la memoria el maratón del año pasado, apenas con un grado de temperatura, las manos heladas y el cielo plomizo. Hoy, sin embargo, el sol templa la isla de Santa Cristina, última morada de suicidas y otros pecadores de antaño. A ellos me encomiendo para sobrellevar los males que siempre acechan una vez traspasada la maléfica frontera del km30, una lotería que hasta ahora nunca me ha tocado, aunque todo el mundo sabe que antes o después te premiará con el gordo. ¿Y si fuera hoy?



 



Entramos en la zona definitiva de carrera: son siete kilómetros de soledad en los que el corredor se enfrenta a todos sus fantasmas en forma de calambres, náuseas, contracturas, mareos varios, inseguridades y zozobra general. Como además no hay apenas público, no queda más remedio que ir lamiéndose cada quien sus propias heridas en silencio, apenas con la ayuda de la euforia musical de AC-DC, un clásico de esta carrera en los dos kilómetros  más desoladores.

 Como ya me sé el cuento, echo mano de una de las imágenes que he ido guardando a lo largo de estas semanas de preparación. Ocurrió en el parque de Polvoranca el viernes cuatro de noviembre en mitad de una de esas sesiones largas de entrenamiento que tango gustan al maratoniano porque ofrecen la oportunidad de ir desconectando de todas las preocupaciones cotidianas y le dejan a uno con la cabeza despejada. Pues iba yo ese viernes así como a las tres y cuarto de la tarde pensando en las musarañas mientras bordeaba el lago, y mire usted por dónde se me cruza en el camino una procesión de ochenta o cien ocas transitando desde el cristalino lago hasta la fresca pradera verde. Sin inmutarse, ya digo, las ochentaitantas señoriales ocas no me dejan más alternativa que atropellarlas o pararme para verlas  pasar, impávidas ellas y atónito yo  mismo ante el insólito espectáculo a una hora del viernes en la que la gente normal sufre un atasco de tráfico, pega una cabezadita o recoge los trastos para cerrar la semana laboral. Y allí me tienes, clavado delante de todas aquellas elegantes damas de blanco, solicitando educadamente su permiso para continuar la marcha, si bien ninguna de ellas se daba por aludida, y todas proseguían su imperial desfile entre el lago y el césped, sin inmutarse por la estúpida presencia de un tipejo que a esas horas tendría que haber estado en un atasco, en su sillón o en la oficina.




sábado, 26 de noviembre de 2011

Georges Harrison: Volviendo la vista atrás...


Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
sino estelas en la mar.
Antonio Machado





Hace unos días fuimos a ver la película que Martin Scorsese ha hecho sobre Georges Harrison. Me gustó mucho verla, y más aún constatar lo buen músico que era Harrison. Traigo dos éxitos suyos: uno, Something, de su época de los Beatles, y otro de su carrera en solitario, My sweet Lord.







Tres días después oí en el programa La ventana una canción, recomendada por Jaime Urrutia, que tuvo gran éxito en los años sesenta. Me refiero a A Whiter Shade of Pale, de Procol Harum, versionada al castellano por los Pop Tops con el título de Con su blanca palidez. Me trae muchos recuerdos, y pienso que ha envejecido bien.




Una máquina perfecta
Un número con decisión
Echabas una moneda
Y sonaba tu canción.

En el bar Uruguay
Sonaba tu canción
Un día era Something
Y otro día My sweet Lord

Y alguna vez también
Sonaba otra canción
Con su blanca palidez
Dos minutos de ilusión.

Antonio Aravalle

domingo, 6 de noviembre de 2011

Nuevo volcán en la isla de El Hierro



Mi amigo Juan Manuel, que es geólogo, me ha mandado un correo con información sobre la actividad volcánica en la isla de El Hierro. Lo traigo aquí  por lo interesante que es todo: las fotos, el texto...
Gracias, Juan Manuel.





El espectáculo de la erupción de El Hierro
 

El satélite de observación de la Tierra Deimos-1, lanzado al espacio en julio de 2009 por la empresa española Elecnor, captó esta espectacular imagen de la mancha volcánica generada por la erupción submarina que se registra en la isla canaria de El Hierro desde hace unos días. La gran mancha se proyecta hacia el sur, desde la isla hacia el océano Atlántico.

Tras varias semanas de acumulación de presión y de continuos sismos, el magma encontró a principios de octubre un punto de salida en el fondo del mar, a más de 600 metros de profundidad y a varios kilómetros de la costa sureste de la isla, en el conocido como el Mar de las Calmas.
Según los científicos del Instituto Geográfico Nacional de España, la gigantesca mancha ha cambiado su color en las últimas horas a un marrón oscuro debido a una acumulación de partículas granulares que podrían ser escorias finas tipo lapilli y ceniza.
Mientras la mancha de material magmático se desplaza hacia la zona sur de El Hierro, se siguen registrando movimientos sísmicos de pequeña intensidad asociados con la erupción.



El Hierro es la más occidental y meridional de las Islas Canarias. Cuenta con cerca de 11.000 habitantes y en el año 2000 fue declarada por la Unesco como Reserva de la Biosfera.

Se localizan los focos de la erupción del volcán submarino

Un equipo de científicos del Instituto Español de Oceanografía (IEO), organismo público de investigación dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, ha localizado y cartografiado los focos de la erupción del volcán submarino en El Hierro durante la misión científica que, desde el pasado 23 de octubre, están desarrollando en la zona a bordo del buque Ramón Margalef.

El equipo científico, dirigido por Juan Acosta y Francisco Sánchez, ha localizado un edificio volcánico de nueva creación de forma cónica, con un diámetro en la base de 700 metros, una altura de 100 metros y un cráter de unos 120 metros de anchura. La base del cráter se encuentra situada a 300 metros de profundidad. Asimismo, y mediante la utilización de ecosondas de mayor frecuencia, ha sido posible localizar las columnas de gases y fluidos que emite el volcán y otros puntos de emisión (fisuras).
Los autores del hallazgo destacan que es el primero que se consigue en estas condiciones en todo el mundo, dado que se ha investigado el volcán y las actividades volcánicas asociadas en el momento óptimo de su actividad eruptiva sobre el fondo. Esta temprana localización y caracterización del fenómeno volcánico permitirá estudiar la evolución temporal de estos fenómenos y facilitará la interpretación y conocimiento del fenómeno volcánico en las islas.

lunes, 10 de octubre de 2011

La Bajada de El Hierro: Una insólita romería por el espinazo de la isla



Ahora, octubre de 2011, cuando la tierra ruge y quiere manifestar algo de su furia en la isla de El Hierro, quiero traer aquí lo que tengo alojado en el blog Antonio Aravalle acerca de La Bajada de 2009.
Un abrazo a todos los herreños, en especial a nuestros amigos Isabel y Juan Pablo y también para sus familiares. Ánimo, y que esa bendita tierra no os traiga sino el bien.


Julio de 2009

domingo, 25 de septiembre de 2011

Incendio en la Sierra de Puerto Castilla



Era media tarde del sábado, 24 de septiembre, sobre las seis y cuarto. Vimos que la sierra de la Peña del Cuervo comenzaba a arder por cuatro puntos cercanos, todos cerca de la garganta Cardiel. Llamadas al 112. A la media hora llegaba ya un helicóptero de la zona central de Gredos. Después contamos hasta cinco helicópteros más. No lograron apagarlo antes del anochecer. A la ocho de la mañana siguieron llevando agua. A media tarde de hoy estaba controlado.

La sierra de nuestro pueblo ardiendo, por Barreritas Blancas, por el camino hacia la Cuerda, ese que nos lleva a Robles Amarillos y a la Laguna.

El disgusto, grande. La impresión, penosa. El futuro: que han de cambiar bastantes cosas para que esto no vuelva a suceder.

Las fotos son de mi propiedad: Jesús Bermejo Bermejo. No se pueden reproducir sin citar su origen.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Va pensiero

El pasado 12 de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentarse a la realidad.
Italia festejaba el 150 aniversario de su creación y en esta ocasión se representó en Roma la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, dirigida por el maestro Ricardo Muti. Nabucco evoca el episodio de  la esclavitud de los judíos en Babilonia, y el famoso canto "Va pensiero" es el canto del coro de esclavos oprimidos. En Italia, este canto es un símbolo de la búsqueda de la libertad (en los años en que se escribió la ópera, Italia estaba bajo el imperio de los Habsburgo y las tropas de Garibaldi entraron en Roma cantándola). La misma palabra Verdi era el acróstico de Vitorio Emmanuele Rege D'Italia.

        Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso en el que denunciaba los recortes del presupuesto de cultura que estaba haciendo el Gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y había sido ministro de Berlusconi. Esta intervención del alcalde, en presencia de Berlusconi que asistía a la representación, produjo un efecto inesperado.

        Ricardo Muti, director de la orquesta, declaró al "Times": "La ópera se desarrolló normalmente hasta que llegamos al famoso canto "Va pensiero".
Inmediatamente sentí que el público se ponía en tensión. Hay cosas que no se pueden describir, pero que uno las siente. Era el silencio del público el que se hacía sentir hasta entonces, pero cuando empezó el "Va Pensiero", el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción del público ante el lamento de los esclavos que cantan: "Oh patria mía, tan bella y tan perdida." Cuando el coro llegaba a su fin, el público empezó a pedir un bis, mientras gritaba "Viva Italia" y "Viva Verdi".

A Muti no le suele gustar hacer un bis en mitad de una representación. Sólo en una ocasión, en la Scala de Milan, en 1986, había aceptado hacer un bis del "Va pensiero". "Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo" - dijo Muti -. En un gesto teatral, Muti se dio la vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez, y se oyó que alguien entre el público gritó: "Larga vida a Italia!".
Muti dijo entonces: "Sí, estoy de acuerdo: "Larga vida a Italia", pero yo ya no tengo 30 años, he vivido ya mi vida como italiano y he recorrido mucho mundo. Hoy siento vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo, pues, a vuestra petición de un bis del "Va Pensiero".  No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al Coro que cantó "Ay mi país, bello y perdido" , pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria, estaría de verdad "bella y perdida". Muchos aplausos, incluidos los de los artistas en escena. Muti prosiguió. "Yo he callado durante muchos años. Ahora deberíamos darle sentido a este canto. Les propongo que se unan al coro y que cantemos todos el "Va pensiero"

Toda la ópera de Roma se levantó. Y el coro también. Fue un momento mágico.
Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los
políticos.

En el enlace siguiente se puede vivir ese momento mágico, lleno de emoción.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Autopsia de la incertidumbre

El otro día me envió mi hermano este artículo, por si me lo había saltado en el periódico. No tiene desperdicio.

EMILIO TRIGUEROS 15/09/2011
Hoy se cumplen tres años de la quiebra de Lehman Brothers, que marcó el estallido de la crisis que todavía domina nuestras vidas: aunque durante las cíclicas tempestades mediáticas se vuelve imposible asimilar el relampagueo críptico de la jerga financiera, ha transcurrido suficiente tiempo para que la perspectiva haga más sencillo entender el encadenamiento de los hechos.
Los artífices del desastre siguen indemnes. Lo que aún mantiene el sistema es su lógica amoral
La opacidad del sistema bancario-empresarial ha secuestrado nuestra razón colectiva.
La sinopsis resulta cinematográfica. Planteamiento: desde principios del siglo XXI, la masiva industrialización asiática acumula un fuerte exceso de dólares y euros en países exportadores cuyos Gobiernos fomentan esa acumulación. Trama: la banca internacional dispara su volumen de negocio, trasladando ese ahorro excedentario hacia nuevas inversiones, en forma de financiación barata. Nudo: maximizando beneficios a corto, los banqueros mundiales incurren en préstamos erróneos; cuando esto se evidencia (al caer Lehman Brothers), y nadie sabe cuántos "malos préstamos" esconde cada banco en su balance, el ahorro global se retira de la circulación interbancaria corriente. Desenlace: como ese ahorro (fondos de inversión, pensiones, etcétera) no se fía de los bancos privados internacionales, pasa a financiar solo a Gobiernos (el pagador más fiable a largo plazo) y son los Gobiernos quienes asumen el riesgo de prestar a los bancos en dificultades, por miedo a que una quiebra encadenada de estos paralice aún más la economía, cuya caída productiva fue comparable a la de una guerra.
Hubo segunda parte. Continuación (2010): el ahorro global se ha volcado en invertir en deuda pública de los Gobiernos; cierto día, empieza a desconfiar de que algunos Gobiernos puedan devolverla, por lo que estos se ven obligados a recortar gastos para seguir recibiendo préstamos. En estos países deudores (como España) confluyen varios factores de crisis: la dificultad general de financiar la actividad económica en tiempos en que las rentas bajan, la resaca de los años de inversiones excesivas o erróneas, y la reducción de gasto público para garantizar que seguiremos siendo solventes tras los años de excesos. El interminable clímax final de esta segunda película tiene lugar en Europa y parece consistir en que los países deudores aceptan imposiciones presupuestarias de sus socios a cambio de mecanismos de apoyo para seguir consiguiendo financiación.
Pero queda algo incomprensible flotando en la trama: ¿cómo pudo fracasar así el sistema bancario internacional, sobrefinanciando sectores enteros y bordeando la quiebra? La respuesta reside en una sola palabra: derivados.
Los derivados son contratos en que dos partes acuerdan un pago futuro en función de la evolución del precio de alguna cosa. Son "papelitos" que tienen valor según el pago que impliquen y que permiten apostar sobre el precio futuro de las cosas, sin poner el dinero para comprarlas. Su función original era sencilla: tomemos el caso del petróleo, cuyo precio puede doblarse o caer a la mitad en cuestión de meses, por causas imprevisibles como guerras o parones económicos. Para empresas que venden o compran petróleo, resulta indeseable que sus ingresos o costes varíen tanto repentinamente; de modo que, por ejemplo, a un productor tejano le puede interesar cerrar hoy un precio de venta de 110 $/bbl para el próximo año, por si el precio se hunde; en cambio, una refinería coreana puede preferir cerrar su coste de compra a 110 $/bbl, por si el precio se dispara. Como productor tejano y refinería coreana no se conocen, un banco internacional vende a cada uno un "papel" por el que les asegura ese precio de 110 $/bbl, a través de un pago de liquidación al final del año. Se trata de un contrato financiero simple que el banco, siempre que case clientes complementarios, comercializa sin riesgo. Típicamente, el banco también reserva algunos "papelitos" para sí mismo, según piensen sus brokers que el petróleo subirá o bajará; mediante esos derivados, el banco se beneficia si acierta con la evolución del precio, sin necesidad de poseer ni un barril real de crudo.
La banca internacional ofrece derivados sobre el precio de muchos activos, no solo materias primas: lo malo es que, cuando el activo es una acción o un bono, los derivados ("papelitos" sobre el precio de "papelitos") se vuelven inextricables y abstractos; los bancos comercializan derivados sobre cualquier cosa con precio, incluidos derivados sobre derivados, generando una madeja infinita de operaciones que solo conocen, con suerte, los ejecutivos al mando.
Los derivados más famosos de la historia empezamos a conocerlos en 2007, cuando algunos inversores norteamericanos se lanzaron a apostar que la vivienda bajaría. ¿Cómo lo hicieron? Mientras que para apostar sobre petróleo hay mercados organizados muy conocidos, no había formas establecidas de apostar por un crash en chalets de Florida. Pero ciertos bancos encontraron modos sigilosos de hacerlo: contratando seguros contra impago de hipotecas con una aseguradora, que se hacía cargo del riesgo de impago del préstamo a cambio de un pago anual del banco (que la aseguradora ingresaba encantada, considerando el riesgo bajo). Cuando los impagos en Florida se dispararon, los bancos suscriptores del seguro empezaron a obtener enormes ganancias (ellos habían revendido mayoritariamente las hipotecas fallidas -las famosas subprime- a bancos extran-jeros, pero se habían quedado con el seguro, que empezaron a cobrar); y ello llevó a la quiebra a la mayor aseguradora norteamericana. Productos como estos seguros y sus derivados, que apenas existían hace 10 años, provocaron pérdidas astronómi-cas al sistema financiero estadounidense en 2008 -y rescates galácticos-.
Los derivados son, pues, espirales de apuestas que periódicamente se alzan y deshacen y que, para generar beneficios, requieren de fluctuaciones, volatilidad e incertidumbres. Investigaciones de las autoridades de EE UU sugieren que algunos fondos llegaron a promover préstamos a insolventes porque ganarían si la vivienda bajaba luego; y resulta verosímil que quien hace negocio aprovechando las fluctuaciones de los mercados intente provocarlas. De hecho, a pesar de que las teorías convencionales postulen que los mercados financieros tienden al equilibrio, el magnate George Soros lleva años sosteniendo que producen burbujas intrínsecamente (Soros también advierte de que las expectativas de los mercados acaban determinando la realidad: como si antes del próximo Madrid-Barça, las apuestas por un empate fueran tan mayoritarias que los jugadores salieran al campo convencidos de que, dada la improbabilidad de una victoria, les conviniera precisamente jugar al empate).
Los bancos de EE UU manejaban crédito del planeta entero; al parecer, nadie imaginaba que se hubieran enfangado así en derivados torticeros. Cuando, a través de la interconexión económica con ellos, muchas otras entidades internacionales entraron en apuros para obtener financiación, se les prestó dinero público, a costa de que sus Gobiernos sufrieran recabando ese dinero en los circuitos financieros, temblando al leer Financial Times y doblegados ante la opacidad de los riesgos bancarios. La versión española de la fiesta financiera internacional es ya un lugar común: bastó la capacidad nacional de montar tinglados inmobiliarios y obras estelares (bonus para directivos, votos para políticos) para captar ahorro global exterior; cuando este desconfió de la capacidad del país para mantener el ritmo en el nuevo escenario, impuso sus condiciones a una economía cautiva.
En el paisaje después de la batalla, los artífices del desastre están indemnes, porque lo que mantiene el sistema es su lógica amoral, no unos protagonistas concretos; los directivos implicados alegarán que seguían "tendencias del mercado" para "competir"; los políticos más hábiles son reelegidos sin mencionar en sus campañas los recortes que siguen a sus dispendios. Ahora necesitamos ajustar precios y rentas porque el exterior ya no nos presta como antes y porque no siempre invertimos inteligentemente. Quizá lo más triste no sea solo constatar cuánta riqueza hemos malgastado como sociedad a través de estos años, sino cómo la opacidad del conglomerado bancario-empresarial y la pobre comunicación política ha secuestrado nuestra razón colectiva para explicarnos qué sucede. Ahora necesitamos ordenar la lista de nuestros problemas y debatir, hablando claro, soluciones. En un mundo donde el ahorro chino mal invertido en Florida acaba con miles de despidos en España, los ciudadanos estamos aprendiendo a vivir con la incertidumbre, pero no con la sinrazón.
Emilio Trigueros es químico industrial y especialista en mercados energéticos.

martes, 20 de septiembre de 2011

20-S: Don Quijote visita a la Consejera de Educación de Madrid

                                                            
                                                                                                                              
Enterado por las habladurías de la gente de que el Gobierno madrileño de Esperanza Aguirre pretendía desmantelar la Educación y la Sanidad públicas, don Quijote decidió salir de nuevo en aventura con el fin de deshacer tan bastardos entuertos y pidió a don Miguel de Cervantes que lo reviviese y lo galvanizase, y le rogó que lo dignase de la compañía de su fiel escudero Sancho Panza.

Un veinte de septiembre se encaminaron hacia la capital de las Españas tomando el AVE desde su tierra. Una vez llegados a Atocha subieron por el paseo del Prado y se acercaron a la consejería de Educación por ver de visitar a doña Lucía Figar. Cuando la consejera oyó que querían verla tan ilustres personajes, mandolos pasar y en seguida entabló conversa con ellos. Mas don Quijote entrole furioso y le dijo a la dama: “¡Ay Lucía Figar, Lucía Figar!, dime: ¿Por qué has armado tan bellaco follón con la educación pública, malmetiendo de los profesores y maestros y maltratándolos a ellos y a sus alumnos con tus instrucciones para el curso que ahora empieza?
La consejera, avergonzada pero remedándolo, le contestó que quizá había sido mal informado por malmetedores, a lo que don Quijote le replicó con feroz tono: “¡Ah, grandísima picarona! ¡Qué mal gobiernas la Educación de los madrileños! ¡Rácana e ineficiente dama que no sabes gobernar, y que más que Consejera de Educación pareciera que lo eres de Ignorancia y Malas Artes! ¡Ni Lucía, ni Figar! ¡Altanera y maledicente mujer! ¡He de concertar con mi creador que te rebaje del cargo que tienes y te nombre maestra contratada pero sólo seis días por cada tres meses, que es como tú haces con muchos maestras, a ver qué tal te va!”

Y de Educación se fueron a la consejería de Sanidad, y luego a otras dependencias del Gobierno, por ver de impedir más desatinos. Después, al bajar por la carrera de San Jerónimo, don Quijote le dijo a su escudero: “Sancho, quiero que te fijes en ese palacete al que llaman el Congreso, pues otro día vendremos más despacio por ver de hablar con los señores diputados”. “Cuente vuesa merced conmigo, que ya me estoy regustando con ello”, le replicó Sancho. Y en el AVE se volvieron a su casa, que el día había sido duro y apenas habían probado bocado.
                                                                                                                              
    Antonio Aravalle

domingo, 7 de agosto de 2011

Pipo, mi perro





Ahora que ya va notándose un poco el calor de la primavera, me gusta salir un buen rato paseando con Pipo por la calle  camino del parquecillo que hay junto al museo de Ciencias Naturales. Él va husmeando todos los rincones y luego trota un rato. Después nos sentamos y hojeo el periódico. Cuando se cansa de esperar, emite un gruñido apenas audible, pidiendo que paseemos otro rato. A la primera de cambio no le hago caso; pero ante la insistencia, pliego el periódico y seguimos nuestro camino. Cuando llegamos a casa bebe agua con ansia y me pide una golosina. A veces accedo pero otras no, pues convertiría cada paseo en motivo de premio. Y aunque el premio es el paseo en sí, en ocasiones le doy un par de galletas que se traga en un santiamén. La verdad es que es guapo y positivo este simpático chucho. Me gusta, por primario y por cariñoso. Lo justo, para no cansar.





Traigo aquí una entrada que ya coloqué en el blog hace unos meses, cuando hice una semblanza de mis animales.


"Entró en nuestra vida como sin querer, ocupando el hueco que Linda había dejado unos meses antes, cuando desapareció. Pipo era entonces un cachorrillo semiabandonado de color canelo, que mordisqueaba todo lo que encontraba a su paso, y que alborotaba la vida allí por donde pasaba. Pero también era un perro miedoso y precavido: aún recuerdo cómo se resistía a entrar en el ascensor cuando nos lo trajimos del pueblo.

Pipo es un perro alegre, bruto y cariñoso. Siempre está dispuesto a saludarte y a jugar, para él es lo mismo, y también a salir de paseo. Come cuanto se le echa en su cuenco, pero además, al menor descuido, se zampa en un santiamén cualquier manjar que encuentre por la calle. Aunque para manjares, aquellos dos filetes de ternera que hábilmente secuestró de una bolsa del supermercado dejada en el suelo de la cocina, cuando sonó el teléfono una tarde de este otoño que está terminando. Eso sí, en cuanto lo advertí y se lo reproché, se fue directamente al rincón del castigo sin que yo le dijera nada más.

Es un perro práctico y astuto. Y testarudo. En el pueblo se pierde siempre al volver del paseo por el campo, y eso le permite callejear y husmear a su antojo, y buscar encuentros con sus amigas. Después, cuando lo considera oportuno, vuelve a casa y llama a la puerta falsa para que le abramos y, si no estamos, unas veces opta por darse una vuelta más y otras, por echarse en la calle hasta que regresemos.

Pipo es cariñoso, muy cariñoso, con todos aquellos a los que les gustan los perros, y juega con ellos hasta el agotamiento, sin más límite o freno que el que se le imponga con reiteración. Pero ignora sin rencor alguno a las personas que no conectan con los perros, no les hace caso alguno, les deja estar en paz.

Hasta en el dormir es práctico y brutote. Se le ve a menudo panza arriba, despatarrado y con todo al aire, muy lejos de la dulzura de Linda cuando estaba dormida. Aunque también Pipo puede ser elegante y delicado, como cuando prepara su cama en invierno, haciendo un ovillo con la jarapa de la cocina y enrollándose en ella hasta encontrarse a gusto.

Lo más bonito de Pipo es su mirada, siempre tierna y transparente. Y lo que más enfada, su comportamiento en el pueblo, cuando, libre de correas, lo llamas y, en lugar de venir, hace un quiebro como de juego y se marcha corriendo a la ventura, perdiéndose por las calles. Su tozudez va unida a la  seguridad de encontrar la casa abierta a su regreso. Pero su mirada siempre es la mejor prenda  de su fidelidad y de sus atenciones.


Mi hermano y el maratón de Madrid

martes 19 de abril de 2011


 



Una vez más, Javi, mi hermano, corre el maratón de Madrid, con una marca estupenda y una clasificación extraordinaria. Y una vez más, terminada su carrera y recuperado su cuerpo, nos narra su experiencia en una crónica singular.  Y yo, según costumbre, la traigo aquí.  Cerca están archivadas otras crónicas, por si queréis leerlas.

http://antonioaravalle.blogspot.com/2011/01/los-maratones-de-mi-hermano.html

Enhorabuena, atleta.




 
Cosa de amigos
K0. ANTONIO Y ELO

Faltan dos minutos para la salida y busco entre el público alguien con quien compartir las dudas habituales de carrera. Al otro lado de la valla veo por fin a Elo y Antonio, en mi opinión un modelo de hermandad. Como no me ven, agito la mano. Al fin, saludan. Estoy salvado.

K5. MARGA

Me había dicho que escaparía un momento para ver la carrera. Como no sé a qué lado se habrá situado, voy por el centro de la calle, bizqueando. Al fin, casi de milagro, me descubre y sonríe. Superada la primera larga cuesta, comienza de veras la carrera.

K9. NEMO Y ESTHER

Me extraña verlos aquí, porque lo suyo es que fueran más adelante. Eso quiere decir que me estoy pasando de ritmo, así que decido moderarme, no vaya a ser que tengamos títeres a partir de la Casa de Campo.

K13. CARLOS

Como el año pasado, me espera con bebida en Cuatro Caminos, la glorieta que fue hogar de sus tíos, hace ya tanto tiempo. Y me siento, claro, como en casa.

K15. GUILLE Y SUS BORRACHUELOS

Lo de este hombre y su familia es cosa aparte: todo el sábado preparando dulces, globos, bebida y música para el disfrute de los corredores. Nunca se lo agradeceremos suficientemente.

K19. RAMIRO, URRACA, ELVIRA Y SANCHO

Hoy no pudo ser: los rotundos reyes de Castilla se quedaron solitos al sereno, y nosotros fuimos condenados a las mazmorras para no interferir con otra marcha. Esta vez la procesión va por fuera.

K23. QNK

La gente del barrio de la Florida viene a ser la esencia de la gente del Madrid que más me gusta: algo escéptica, sensata, modesta y a la vez orgullosa. Más o menos como Qnk, que espera con una botella en la mano (¿para quién?) y saluda discretamente.

K24. YUDUS

Otro madrileño de pro, corredor legendario que me llama en voz baja y me ánima con un guiño casi imperceptible; él y yo sabemos que nos une un vínculo demasiado fuerte: una parte de mi único maratón de menos de tres horas se lo debo a una cabalgada que me regaló desde el puente de la Culebra hasta el MP de la Casa de Campo, un imborrable día gris de noviembre, allá por el año 2007.

K25. DANIEL Y GLORIA

Me esperan para cinco minutos más tarde, al revés de lo ocurrido en 2010. Sumo la ansiedad de entonces con la sorpresa de hoy, y al dividir por dos obtengo el resultado: el maratón es una entidad ingobernable. Es él quien te maneja a su capricho, y no hay más remedio que someterse.

K34.  ROBERALVA Y DIEGO

Buena parte del público que anima tiende a situarse en los puntos propicios para una postal: Gran Vía, Sol, Palacio Real (otros años, no éste), puente de Segovia… Pero hay otro público que sabe dónde se sufre de veras. Ahí están Diego y Rober, en medio de la nada, en esa zona gris en la que nadie haría una foto. Están ahí porque saben que ese es el punto en que el maratón devora a sus víctimas. Por eso se agradece tanto el gesto de Rober apretando los dientes.

K36. OTRA VEZ ANTONIO

Esta vez sin Elo, en otro punto fatídico, la cuesta de la calle Segovia, donde uno ya va bien macerado. Para suavizar el calvario, Antonio ofrece agua, isotónico, gel, lo que haga falta. Y lo que hace falta es que pase este duro tramo, algo más liviano con el apoyo del público.

K41. PACO G. Y PACO J.

Otro tándem histórico, casi un mito para el corredor popular, un símbolo del deporte como vía para alcanzar la felicidad. Como cabía esperar, se han colocado donde más falta hacían: en mitad del último tramo difícil, esa cuesta larga y tendida que conoces a fondo desde dentro del Retiro, pero que por el asfalto se hace aún más insidiosa.

K41,300. PILAR, CARLOS, GLORIA, MAYYI, LARA, DANIEL Y MAYSÁ.

Son el premio a una jornada llena de emociones. Como siguen siendo los peques (por más que anden casi todos por los veinte), me acerco a la valla para chocar la manos con Daniel y las sobris.

K41,700. ANA Y MATÍAS

Desde la izquierda, oigo mi nombre entre el guirigay de voces que envuelven al corredor, muy cerca ya de meta. De refilón veo el gesto animoso de Ana, acompañada del gran Matías.

K42,195. EL CRONO

A menudo, el reloj es un factor de presión para los corredores. También lo he sufrido, aunque cada vez menos. Desde el k2 he ido viendo delante de mí el globo de 3h30, cada vez más cerca: 500m, 300, 250, 200… Otras veces habría forzado la marcha para enlazar y entrar en 3h29, pero ya no. Poco a poco, uno va entendiendo que el tiempo apenas cuenta en maratón. La clave de esta carrera está en otro lado, está en los amigos.

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miércoles, 27 de julio de 2011

De cómo don Quijote y Sancho llegan a Madrid en el verano de 2011


                           

 

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

           Enterado por las habladurías de la gente de que el Gobierno de España, a causa de la locura de los mercados y del férreo control germano de la unión europea, había recortado el sueldo a funcionarios y jubilados, y sabiendo que los de la oposición esperaban, felones ellos, ganar las siguientes elecciones para tomar medidas aún más duras, don Quijote maldijo el despilfarro de muchos años gobiernos conservadores y progresistas, cuyas consecuencias ya se dejaban ya ver en el atrevimiento de los presidentes de muchas regiones, que, osados y energúmenos ellos, pretendían empezar a desmantelar el estado social y el carácter público de numerosos servicios, tales como hospitales, escuelas, pensiones y bienes de todo tipo, que a lo largo de los años habían ido siendo conquistados para el disfrute y el buen uso de todos, y decidió salir de nuevo en aventura con el fin de deshacer ésos entuertos ya dichos y otros más, y batallar lo que estuviera de su mano para que no les fuese arrebatado a los ciudadanos lo que debido a las luchas de sus padres y abuelos ya por derecho les pertenecía.

           
Así fue como decidió pedir a su creador, el señor don Miguel de Cervantes, que lo reviviese, lo galvanizase y lo salvase del hechizo al que lo habían condenado el cura, el barbero, el ama y aquel innoble caballero de falso nombre y mala idea. Y rogó al bueno de su creador que lo dignase de la compañía de su fiel escudero Sancho Panza, que a buen seguro quedaría maravillado de volver a vivir, y más aún en el mundo del siglo XXI. Apenas accedió don Miguel a tan noble petición, nuestro caballero se encaminó hacia la casa de Sancho, y cuál fue su sorpresa al ver repantigado a su escudero en un sillón, bebiendo cerveza mientras veía el partido de fútbol de la Champion League.
            -Sancho amigo, ¿Cómo estás, hijo?
            -¡Ay, mi señor don Quijote! ¡Qué sorpresa tan grande volver a verle! Espere vuestra merced, que apago esto con el mando. ¿Cómo usted por aquí?
            -Sancho, es menester que salgamos de nuevo por esos mundos de Dios, abandonados en las manos de gobiernos desleales y maltratadores del bienestar de las gentes sencillas. Has de animarte pronto y prepararte para la más grande aventura que vieron los siglos, despídete de los tuyos y vayamos ya donde tengo pensado.
            -Bien decís señor, ya presto me avío. Mas, ahora que lo pienso, ¿qué se me ha perdido a mí en tamaña aventura, si tengo pagados  el coche y el piso, y los muchachos ya se manejan, crecidos como están y bien colocados? Déjeme vuesa merced estar en casa tranquilo, que, con la jubilación anticipada, Teresa y yo tenemos lo suficiente para vivir sin preocupaciones ni problemas.
            ¡Ah, necio de ti, siempre pensando en tu propia panza y nada más! ¿Será necesario que te diga que has de poner tu empeño en el bienestar de todos y no sólo en el tuyo? Sancho bueno, con las dotes que tú tienes, el buen hablar y el buen razonar, saldrías en todas las televisiones y te convocarían para todos los programas, y eso te gustaría tanto o más que cuando fuiste gobernador de Barataria.
          Mudó la expresión Sancho y observó a don Quijote, vestido de negro y con sombrero de fieltro, la barba blanca y el ojo fiero. Pensó en lo feliz que estaría su mujer si él saliera por la tele dando consejas, y cómo sus vecinos se darían cuenta de que no es un jubilado simplón sino un gran sabio de sabiduría natural.
- Señor, está bien pensado lo que vuestra merced dice, tamañas injusticias es necesario repararlas. ¿Cuándo quiere vuesa merced que salgamos?
- Sancho amigo –dijo emocionado Don Quijote- sabía yo que tú no podías estar adormecido con esos opios de hoy en día y las cuatro chucherías que os propone el imserso. Remira mis ojos y observa cuánto de alegría hay en ellos porque tú, mi fiel escudero, decides que has de hacer lo que tienes que hacer y lo que conviene a todos.

Y fue así como se encaminaron hacia la estación del ave de Ciudad Real, con el fin de coger el tren y llegar a la capital de las Españas. Llegados a Atocha subieron por el paseo del Prado y se acercaron a la consejería de Educación por ver de visitar a doña Lucía Figar. Cuando la consejera oyó que querían verla tan ilustres personajes, mandolos pasar y en seguida entabló conversa con ellos. Mas don Quijote entrole furioso y le dijo a la dama:
- ¡Ay Lucía Figar, Lucía Figar! Dime: ¿por qué en los colegios concertados de la educación básica hay tantos niños y niñas acomodados y por qué en las escuelas públicas hay tantos desfavorecidos y tantos inmigrantes, si unos y otros centros reciben de las mismas arcas del estado los euros para poder mantenerse?
La consejera, avergonzada pero remedándolo, le contestó que quizá había sido mal informado por malmetedores, que cada uno elige escuela tal y como desea, a lo que don Quijote replicó con feroz tono: “¿Acaso, Figar, el Estado todavía sigue siendo confesional como en mi primera salida?”, a lo que la consejera repuso que no, que todos los vecinos eran libres de creer o no creer en la madre iglesia. Fue entonces cuando nuestro caballero así le respondió:
- ¡Ah, grandísima picarona! ¡Qué bien engañas a los madrileños y qué mal gobiernas su educación, tú, que niegas a los colegios e institutos públicos los maestros de apoyo y compensación que necesitan los muchachos para salir adelante. Rácana e ineficiente dama, que no inspeccionas los centros concertados por vigilar que sean escolarizados paritariamente todos los solicitantes de escuela, pues públicos son todos los dineros que reciben unos y otros centros! ¡Ni lucía, ni figar! ¡Cobarde y sabihonda mujer! ¡He de concertar con mi creador que te rebaje del cargo que tienes y te nombre maestra contratada para sustituciones, a ver qué tal te va!

Y de Educación se fueron a la consejería de Sanidad, para ver a la señora consejera y decirle que debido al mal trato que daba a la sanidad pública iban a proponer al señor Cervantes que la nombrase enfermera en prácticas en el hospital Doce de Octubre, para atender las urgencias con un contrato temporal tan usual en estos tiempos.

Y a los magos de las finanzas, iban a proponer a su creador que los encantase de albañiles sin nómina; y a la viceconsejera de Educación, becaria sin sueldo en el CSIC; y al señor alcalde, conductor en prácticas de la EMT a tiempo parcial. Y a la señora presidenta de Madrid, vigilante nocturna en el polígono industrial de Pinto.
- Mi señor Don Quijote –dijo Sancho- podríamos pedirle a nuestro creador que al señor alcalde lo encantase no como conductor en prácticas de un autobús interurbano sino como barrendero del selur con contrato de tres meses.
- ¿Qué le dirás, Sancho, tú que eres un hombre tranquilo e irónico, qué le dirás al señor alcalde, cuando hablemos con él?
- Mi señor don Quijote, con conocida frase, yo le diré: “Quieto, ahí señor gallardo, quieto, no se le ocurra tocar el paseo del Prado, que vuesa merced es capaz de levantar en esa hermosa barriada un parque temático; deje vuesa merced el paseo en paz y aséelo con unas papeleras y otras cuatro cosejas más. ¡Quieto ahí, señor faraón!

Don Quijote y Sancho recorrieron Madrid y dejaron dichas y bien dichas tres cosas a algunos banqueros nacionales e internacionales, exigiéndoles que cesase de una vez tanta basura como se iba viendo en los escándalos financieros o serían encantados como recogedores de fruta en Murcia y sin contrato.

            Y luego fueron a ver al presidente del Gobierno, quien, huérfano ya de deseos electorales, aparecía ante todos como mustio y ahostiado, y pese a que destacaron lo que hizo en su primera legislatura en lo tocante a derechos civiles y le alabaron que diera la cara por la crisis, aunque tarde, le afearon que no hubiera metido en vereda a las grandes empresas, a de los bancos y a las sicav, y le echaron en cara que él y su gobierno dejasen que mangonearan sin pudor los tiburones financieros y los capos de la economía sumergida.


           
Después se fueron a ver al cardenal Rouco para preguntarle que cuándo los señores purpurados van a dejar de presionar para que los españoles puedan libremente estar con la madre iglesia o no, que cuándo las visitas del santo padre serán cosa privada y que por tanto no usarán las escuelas públicas como albergues de su muchachada, pero como el cardenal le contestó a la gallega, le pidió a don Miguel que lo encantase como coadjutor temporal a una aldea de Lugo.

           Las siete de la tarde serían cuando por Cibeles aparecieron don Quijote y Sancho, y se les vio unirse a una manifestación que pedía paz duradera para Palestina. Todo el mundo los reconoció en seguida, tan famosa era su figura que pronto los miraban aunque nadie se atrevía a trabar conversación. Nadie salvo una niña, que en español y en árabe, les recitó el comienzo del famoso libro. Don Quijote la abrazó emocionado mientras decía al oído de su padre que La Mancha, el lugar de donde ellos venían, no se refería a manchurrón sino que era lo que en la morería dicen por  llanura.

Al pasar por el círculo de bellas artes se enteraron de que cada 23 de abril leían el famoso libro en el que se contaban sus propias aventuras. Autoridades y catedráticos, pintoras y músicos,  cineastas y actores se pavoneaban leyendo capítulos, difundidos por todos los medios y hacia todos los lados con lo que ahora llaman la red de redes.
-Habrás visto, Sancho, lo famosos que somos y lo mucho que nos quieren estas gentes. Mas mucho me temo yo que esta querencia sea solamente porque ya estamos muertos. Necesario será que nos presentemos al director de esta casa y le pidamos acaso para leer algún capitulillo de nuestras aventuras.
-Bien dice vuesa merced, pero a mí me gustaría más que leer, hablar en público de las cosas que hemos hecho en este día, y así dar cuenta a aldeanos y ciudadanos de nuestra nueva salida en aventura por deshacer entuertos de este nuevo siglo.

Y  se dirigieron hacia Atocha con el fin de coger el ave y volver a su pueblo para descansar. Al bajar por la carrera de San Jerónimo don Quijote dijo a su escudero, mirando a la izquierda:
- Sancho, quiero que te fijes en ese palacete, el congreso de los diputados, pues otro día vendremos más despacio a hablar con estos señores. Ahora que va a haber elecciones me gustaría venir a explicar este otoño a los señores diputados y diputadas que bien harían los dos partidos de la R formar un gobierno de gran coalición que afrontase la grave crisis con un pacto por el empleo y por la defensa del país contra los mequetrefes de la finanza especuladora; un pacto al que podrían unirse los nacionalistas vascos y catalanes y alguno más, si esa que llaman izquierda fuera unida.
-Cuente vuesa merced conmigo, que ya me estoy regustando con ello.

Y en el ave se fueron a su casa, que el día había sido duro y apenas habían probado bocado.
   


31 de julio de 2011
                          Antonio Aravalle