lunes, 16 de octubre de 2017

Lección de geometría: otra carrera de Javi, esta vez desde El Barco de Ávila a Las Cabezas Altas


Otra carrera de mi hermano. 
Javi: Inmejorable como pieza literaria, la mejor de todas tus crónicas. Y con esas ráfagas que hacen guiños a un paisaje primigenio. Cuídate mucho, para que muchas veces podamos leer aún mejores crónicas; pero, sobre todo,  para que la salud no te impida seguir corriendo; que sea en las mejores condiciones aunque no lo fueran las  marcas.

Lección de Geometría

"Cuando entonces, aprendimos aquello del círculo, la elipse, el rectángulo y el rombo, la esfera, todo aquello, y lo más turbio, lo peor, el trapezoide, aquella cosa tan oscura que sonaba a traición, a plato poco comestible.

Porque el trazado de la carrera tenía una forma parecida a eso, así que ya desde el inicio se activó el come-come de la adorable víscera, el remate previsto de una semana que tuvo mal comienzo, un sábado con más de una docena de subidas al pico de oro de los pulsos, ni veinte metros de tregua, se dice pronto, y luego tres avisos más hasta llegar a este domingo teresiano, a este viaje hacia el origen que no era más que un trapecio fuera de toda proporción.

Y eso que el día era casi-casi bueno. Incluso chispeó de madrugada, no te creas. Olía la tierra a esencias del primer abril, o eso pensabas tú, pero lo cierto es que, nada más salir, en pleno puente románico (romano le decíamos entonces), frente a la ermita del Santísimo Cristo del Caño, que ya es decir, vino el primer aviso, y la evidencia: si te quedas dentro (de la carrera), vas a pasarlo mal; si te sales, peor.

Te quedas. El último, por descontado, furgón de cola sin vivir en mí, la vista en el punto más alto del recorrido, Las Cabezas Altas, nombre gallardo y caballero, abulense de pro: siempre te quedará la toponimia.

Y bueno, comienza la subida, poco a poco, con un trote ligero, más arriba, adelantando gente por la orilla incluso cuando el perfil de la cuesta obliga a andar, los robles secos, pero que muy secos, concentrado (¿quién?) en la espalda de alguna corredora que vaya por delante, todas las vértebras brillando, de sudor, no te creas, con más ganas de ganarle el pulso (o sea, la partida) a la víscera deforme, la purrusalda esa que anda suelta por ahí dentro.

La segunda llamada, 171, capicúa, para la colección. Te preguntan qué tal vas, qué pasa, a ti, te lo preguntan Ángel y su chica: te pasa lo que estaba cantado que tenía que pasar. Se ofrecen, ella y el ángel, a subir contigo hasta coronar en Las Cabezas (Altas), pero no, solo faltaba, aunque agradeces el gesto. Y lo peor, la puntilla, te dicen: “por nosotros  / no SE preocupe”: acabáramos. Finalmente te ofrecen por si acaso un gel de pera, el gel del ángel, de regalo, porque si todo se vende nadie puede impedir que  todo se regale, para eso los ángeles.

Y vuelven a pasar otra vez los que habías ido dejando atrás, así que recurres a “La encina”, de  Rodríguez Claudio, Zamora, o a Manolo Vázquez, Montalbán, poemas circulares, más que nada por volver a otra geometría más afable.

Un poco más arriba ya van apareciendo pueblos al otro lado del valle, entre lo verde: El Tremedal, La Zarza, más abajo Los Narros y Santa Lucía, no se ve el estanque, Los Loros, Casas de Maripedro aquí debajo, y Cabeza Redonda enfrente, una nube de pinos en medio de la roca, tantas veces alivio en las mañanas frescas de verano. Pero ahora…

Ahora viene un tramo llamado técnico, subida a cuatro patas, divertido mientras repites la dulce melopea: “La encina, que conserva más un rayo / de sol que todo un mes de primavera”, pero aquí no hay encinas, no seas calamidad, mejor cambias de latitud mientras dura la regresión esta a los meses de mero andar a gatas, la cabeza perdida (Las Cabezas Altas), el cielo y las raíces en medio de no se sabe qué.

Y justo cuando faltan cuatro metros para coronar, el cosquilleo, 174, ese punto en el que nadie querría despertar al corredor si se queda dormido, el sueño místico del abulense intrépido, el zoquete al cubo, zoquetoide, tú verás, “nunca (dice Manolo Vázquez), / aunque sepa los caminos / llegaré / a ese lugar / del que nunca quiera regresar”.

A partir de ese punto ya todo es bajada, nos van diciendo. Parada técnica en Las Cabezas (eso), con todo el pueblo, once personas, en la calle, dándolo todo en el avituallamiento, dando el viático a base de sandía, naranja y todo aquello. Y lo mejor: alguien que ha conectado un altavoz por los balcones: “te vas pensando en volver”, ya estamos casi todos, aunque tampoco hasta aquí te va a llegar aquel perfume de brea, no te pienses, aunque sí de cantueso o de lavanda.

Es una bajada vertiginosa por el lecho de un arroyo, luego entre piornos, piedra y linderos para tronchar tobillos, quince minutos de vértigo en las tardes aquellas de septiembre, después de dejar el ganado arriba-arriba, y antes de que empezaran a retumbar los truenos sobre el granito, el pánico vestido de pasión, pura velocidad a ciegas, entonces, cuando entonces, cuando daba igual que fueran retamas o piornos, la luz de los relámpagos ardiendo hacia el oeste.

De vuelta en el llano, los cinco kilómetros finales, reservados para correr de verdad. Era el plan que habías trazado, el plan que habías traicionado, porque los saltos menudean ya más de la cuenta, para y arranca, de camino al puente, nunca, repites, absorbido por el trío que culminó arriba contigo y que te engulle ahora para cruzar de incógnito la meta, tragándote lo que desde el principio era más que evidente, “porque al llegar / nunca puedes volver a Ítaca / lejana y sola”.

Mejor así, después de todo."


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viernes, 13 de octubre de 2017

María Victoria Navas, el Pregón de las Fiestas de Los Navalmorales y otras alegrías de este año 2017




Hace un par de meses el Ayuntamiento de Los Navalmorales encargó el Pregón de las fiestas de 2017 a María Victoria Navas Sánchez-Élez. Y en las vísperas de las fiestas, Mariví leyó un pregón animoso y ajustado, un pregón en el que sus palabras destilaron ironía, melancolía y amor a su pueblo. Un pregón en el que también hizo recuento de todo lo que, pasado y presente, constituye la identidad de Los Navalmorales, de sus logros y de sus posibilidades de futuro. Un pregón hecho con ganas, con emoción y con estilo. Un pregón en el que rindió homenaje a todos los navalmoraleños, por sus trabajos, sus virtudes y su rica historia.

Mariví me sigue emocionando cuando canta el romance de “La doncella guerrera”. Y creo ser sincero si digo que me emocionaría, bien es verdad que quizá no tanto, aunque Mariví no fuese mi mujer. He de decir que tampoco es casual que haya elegido ese romance, pues Mariví es una mujer que defiende su igualdad con los hombres (y mujeres) en la vida diaria, una igualdad en derechos y deberes en la que hombre y mujer nunca olviden sus respectivas identidades como personas. Así que enhorabuena otra vez, Mariví, por tu pregón, por tu gracia y por tu sabiduría.


Ha sido este un verano rico en homenajes y alegrías: a la sincera y rotunda emoción de los navalmoraleños cuando oyeron el pregón, hemos de añadir el reconocimiento del pueblo portugués de Barrancos y del Centro de Lingüística de Lisboa hacia el trabajo de investigación de la lengua barranqueña al que María Victoria ha dedicado muchos años. En Barrancos se presentó, a finales de julio, su libro Barrancos, Lingua, Cultura e Tradição, en un acto con proyección de futuro y, también, muy emotivo. 

Y como no hay dos sin tres, en este mes de octubre María Victoria ha ingresado en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, un justo reconocimiento a su trabajo como profesora  de Filología de la UCM, a sus tareas docentes y a su labor investigadora en los diversos campos de la filología portuguesa y española. Enhorabuena otra vez, Mariví. Yo sé que tú ya disfrutaste de tus trabajos mientras los hacías. Pero siéntete feliz y alégrate, porque no siempre se reconoce en vida aquello que uno ha hecho para los demás.


Aquí traigo el vídeo y el texto del pregón, para quienes queráis verlo y oírlo.




PREGÓN DE LAS FIESTAS DEL
SANTÍSIMO CRISTO DE LAS MARAVILLAS
SEPTIEMBRE 2017.
PLAZA DE TOROS DE LOS NAVALMORALES

"Queridos paisanos, espero que a la escucha de este pregón improvisado estéis todos bien. Yo también bien, gracias a Dios.

Sr. Alcalde y Ayuntamiento de Los Navalmorales, familiares, amigos y paisanos navalmoraleños todos, incluyo también a los forasteros, porque como dice la frase conocida, aquí cabemos todos, ¡¡¡¡muy buenas noches!!!!!

Es para toda mi familia y para mí un gran honor que esta corporación se haya acordado de mi persona para realizar el pregón de este año.
Y les doy la enhorabuena por el buen criterio que han tenido al elegirme, porque estoy doblemente orgullosa ya que soy la primera mujer a la que se concede este honor.
Algo va bien, mozas, mujeres, niñas. Los tiempos van cambiando para nosotras. ¡Enhorabuena!

Pero quiero avisaros de que este pregón lo hemos escrito entre todas mis primas. Así que si no os gusta no tengo la culpa. Reclamadles a ellas.

Creo que este ayuntamiento ha acertado de lleno al invitarme a ser la primera pregonera de Los Navalmorales porque nací en el barrio más castizo, Tierra Toledo, el más antiguo, el que tiene más solera, el punto de partida de lo que luego fueron Los Navalmorales.
Tenemos la temperatura más fresca en verano, estamos más cerca de las estrellas y tenemos el mejor laberinto de calles de todo el pueblo.

Además, por si fuera poco esta solera, también tengo raíces maternas en la Villa, en el Convento de los Capuchinos, que eso no lo tiene cualquiera, sólo los Sánchez-Élez, por algo nos llaman las Frailas,
y también tengo otro pie en la Villa, pues los Navas nacieron y vivieron en Navalmoral.

Tal vez no parezca mucha cosa, haber nacido en Tierra Toledo para estar hoy aquí subida, tal vez no sea lo bastante.
Y pensando, pensando creo que he encontrado el porqué de este honor.
Porque creo que la corporación ha querido rendir homenaje, en mi persona, a aquellos niños que fueron obligados a salir de aquí por motivos profesionales de sus padres y marcharse fuera de este lugar. Y que pasados muchos años han decidido volver y recuperar sus raíces. Es lo que me sucedió. “Me marcharon” de aquí siendo una niña de pocos meses pero tuve la gran suerte de poder regresar todos los veranos a partir de los siete años.
El choque entre la vida de fuera, donde vivíamos, en mi caso, Marruecos, y el modo de vida de aquí fue impactante en todos los aspectos.

Aquí entramos en contacto con un mundo rural ya casi en extinción: los rebaños de borras y cabras, que con sus galdarros nos despertaban en su salida al campo, el chirriar de las ruedas de los carros por el empedrado, los nombres de oficios y objetos: el galápago, los dediles, esmamonar, los chupones, fararse, ir a la fuente con la cantarita y el botijo, la zafra, las orzas, barrer con escobas de paja y de cabezuela, el corral que era el cuarto de baño, el pozo en las casas, la cueva donde se guardaban el botijo y la limoná, el palanganero, las albarcas, la comida comunal en el azafate, el gazpacho en la hortera, el sogato de la lumbre, la marmita, los pucheros, los calderos, las estrébedes, la plancha de carbón, los frutos desconocidos como los higos de la tía Gala o las uvas de cojón de gato.

El puesto de la tía Misi y de los Sánsanos para comprar cañamones, chufas, palodús y habas de las indias, los tostones por Santiago, el Silo donde jugábamos a la comba y al balón, la novena al “Santo Cristo de las Maravillas”, las fiestas donde estrenábamos un vestido, la imponente procesión, el ferial con la buitoma, la ola y las cunitas, el puesto de la tía Ricarda, donde nos feríabamos una muñeca de cartón y chinflatas, el herradero, las posadas, las tabernas, el baén donde se reunían los jornaleros para ser contratados, el pecero  con su bicicleta con serones, la Botona, que nos traía el granizado de limón, los churros de la tía Rosario atados con un junco, el fresco donde nos reuníamos por las noches…

Y lo mejor, el encuentro con la familia, a la que poco habíamos visto. La casa de la abuela Evarista, como centro de todo el universo familiar donde recutíamos todos los nietos. Una vivienda donde había un mulero, “Por San Ramón se buscan los criaos”, cuadra, pocilga, gallinero y un antiguo molino, y donde nunca se cerraba la puerta falsa. Donde se sacaba el estiércol y se metía la paja por el boquerón, se subía el grano a la troje, donde los primos estezábamos y hacíamos todas las faenas inimaginables, de manera que cuando nos íbamos la abuela exclamaba entre divertida y harta, “¡Gloria lleváis pero hay que ver la que dejáis!”.

Se iba a lavar la ropa al río Cedena o al Pusa y nos bañábamos en viso oteando que ningún pastor estuviera atento al acontecimiento.
Pero lo que no nos gustaba nada, nada, nada, era la manía que tenían todas las mujeres de la familia en que aprendiéramos a bordar, a hacer ganchillo, corte y confección.
La cantidad de juegos de cama, mantelerías, puntillas y punto que nos obligaban, con tarea diaria, si queríamos ir de paseo. Una auténtica tortura.

Aquí tuvimos la primera cuadrilla, las niñas de mi calle Amparo que, al anochecer, íbamos a buscar la leche. Aquí nos corrieron los mozos. Al baile del tío Carpo íbamos en las bodas a echar una, en el baile del tío Pepe pasamos muchas tardes sentadas en el banco esperando, desesperando, que algún mozo se apiadara de nosotras y nos sacara a bailar. El Chaparral lo teníamos desgastado de los paseos sin fin, arriba y abajo, esperando que vinieran ¡ay! los mozos a acompañarnos.

Estoy muy orgullosa de ser de este pueblo. Aquí tengo mis raíces y por eso, después de haber sido una andorrera, pasados los años he regresado a Los Navalmorales y aquí tengo una casa, que he intentado por todos los medios que se parezca lo más posible a la de la abuela Evarista.

En los años 90, cuando preparábamos Jesús (mi marido) y yo el libro de mi padre, Telesforo, Recuerdos y Memorias, descubrí que en este pueblo se habían cantado romances desde muy antiguo:

      Gerineldo, Gerineldo,    Gerineldito pulido
     Quién te tuviera una noche,  tres horas a mi albedrío

Para mí fue una revelación totalmente inesperada: durante años había venido regularmente a nuestro pueblo y nunca había oído hablar a los navalmoraleños de esta composición, documentada ya en el siglo XVI.

A partir de este texto fui tirando del hilo y hoy sabemos que este pueblo tiene un rico legado de romances, transmitidos de boca en boca, como “La doncella guerrera”:

-        De amores me muero madre     de amores me muero yo
            Que los ojos de don Marcos    son de hembra y no de varón.
-        Convídale tú, hijo mío,    a la playa a bañar
Que como ella sea hembra   no se querrá desnudar.

Los testimonios, unos 85, que recogí gracias a la generosidad de tantos navalmoraleños, constituyen uno de los documentos más importantes que se conocen en Castilla – La Mancha y en Extremadura, y por ello el Romancero y Cancionero de Los Navalmorales, que los reúne, está incluido en una base de datos de la Universidad Americana de Whashington.

¿Y por qué este pueblo tiene tantos testimonios de literatura oral y tradicional, de cantares, canciones y con tantas variantes?
Porque este pueblo está en un cruce de caminos y ha sido un lugar de encuentro de gentes que venían de otras partes y que por aquí pasaban. Aquí se venía a comprar de los pueblos próximos. Aquí había importantes fraguas que sirvieron a los ejércitos en la primera guerra mundial, aquí hubo un comercio activo y en expansión.

Porque Los Navalmorales es un pueblo acogedor y solidario. Nuestros amigos cuando vienen quieren volver y se lo dicen a otros amigos, que también se apuntan.
Para no hablar del aceite que, como decía mi madre, es el mejor del mundo, sobre todo el de los Carriles. Ni del mazapán que encargan en Navidad de todas partes, incluido el extranjero.

Somos un pueblo generoso. Aquí existen una serie de asociaciones sin ánimo de lucro, lo que ahora llaman ONGs. Además de las religiosas, como Cáritas, está  Cruz Roja, que recibió la medalla de oro por la integración en la escuela, la Mesa de Trabajo por Los Navalmorales, la Mirada Verde, el campamento veraniego de niños, el apoyo a Guinea Ecuatorial. Asociaciones como La Amistad, la Banda Municipal Pepe Menor, la Coral Cristo de las Maravillas, el Grupo de Jotas, el Club Sports Pusa de Ciclismo, la Hermandad de la Santa Cruz, el Grupo de Ajedrez, Las Correcaminos, el Club de Fútbol, y otras más de las que me olvidaré.

Somos un pueblo abierto y en continua transformación. En el último número de Forja se dice que el 26 por cien de las personas que viven en Los Navalmorales han nacido fuera de Castilla –La Mancha, y de ellos el 15% son extranjeros, no olvidemos la cantidad de parejas mixtas aquí instaladas.

Y somos también un pueblo informado y formado, un pueblo que sabe defender sus derechos como demuestran los muchos pleitos que mantuvimos con el Señorío de Valdepusa desde el siglo XVIII, para pagar menos impuestos al Marqués cambiando la siembra de cereales por la plantación de olivas, evitando así unas cargas injustas.
Un pueblo con visión de futuro, como lo demuestran la iniciativa de los vecinos, allá por el año 1653, para convertirse en Villa y la decisión de unir los dos pueblos, por acuerdo unánime de sus ayuntamientos, en 1833.

Paisanos, navalmoraleños, voy a terminar contando una anécdota personal. Cuando nos casamos Jesús y yo, al finalizar la comida en el restaurante, nuestros amigos recitaron poemas elevados relativos al amor, cantaron canciones alusivas románticas y después…., claro está, empezaron todos a gritar ¡que cante la novia, que cante la novia!
Yo, que soy muy tímida, me quedé en blanco y sólo se me ocurrió cantar, para espanto de todos:

            Y yo no niego mi patria
            Soy de Los Navalmorales
            Y yo no niego mi patria
            Tampoco puedo negar
            Que un morenito me mata.

Felices fiestas a todos. Bailad mucho y bebed poco.
Vivan Los Navalmorales.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Días de escuela



Trasteando en Youtube esta mañana, me encontré con una vieja canción del grupo Asfalto, Días de escuela, e inmediatamente me acordé de dos momentos: uno, la escuela de don Diego, allá por 1960, a la que fui de los siete a los diez años, y otro, en 1978, cuando yo estaba dando clases en la UVA de Vallecas y oíamos esta canción, creada en aquel tiempo de recuperación de las libertades.

Traigo aquí un vídeo de Días de escuela de Asfalto, un fragmento de mis Robles Amarillos, en el que se describe cómo era aquella escuela de mi pueblo, y la letra de la canción.



La escuela de don Diego

Pasado aquel verano de descubrimientos y de juegos, de confesiones y comuniones, empezó la escuela de nuevo; pero ya no era la escuela de párvulos de doña Sofía sino la clase de don Diego, para nosotros, y la de doña Aurora, para nuestras amigas. La nuestra era un aula con techos altos, pupitres de madera inclinados y amplios ventanales que daban a poniente y que dejaban entrever  la sierra de Béjar.

Estábamos clasificados en tres grados, de acuerdo con nuestra edad y nuestros conocimientos, y teníamos nuestra propia enciclopedia en cada uno de ellos. Don Diego organizaba las tareas concediendo cierta autonomía a cada grupo. Nunca nos daba calificaciones ni hacíamos exámenes, pero el maestro llevaba un registro de nuestra actividad y nos reunía todos los sábados por la mañana en un corro para preguntarnos la lección. Si uno no sabía responder o contestaba mal, la pregunta pasaba al siguiente, y si éste acertaba, adelantaba al que había fallado.

Encima del encerado estaban colgados dos retratos y un crucifijo, como en la clase de parvulitos. Un día don Diego nos explicó que los de los retratos eran Franco, el generalísimo, y  José Antonio, el mártir de la patria. No entendíamos nada pero nos acostumbramos a verlos allí, serios y huraños, tan aburridos en su mirada como pretenciosos en su  vanidad.

“Hoy hemos entrado en fila, como siempre, hemos rezado con don Diego, nos hemos sentado en nuestro pupitre y hemos abierto la enciclopedia por la página ciento veintitrés: los pronombres personales. Después hemos copiado la biografía del escritor José María Pemán y luego hemos hecho unos ejercicios de ortografía. Hace frío. Don Diego, ¿puedo calentarme al brasero? ¡No me muevas, que voy a echar un borrón! ¡No ves que estoy con la pluma haciendo el rótulo!  En el cuaderno de rotación, Pablo hace sus tareas durante esta semana. Inocencio y Urbano van  por el agua para preparar la leche en polvo. En pie, dice el maestro, salid al recreo. Fila de a uno, cada cual con su vaso en la mano. Llueve. Castañas, voces, pelo mojado, excitación. Entrada. Encerado: problemas y ejercicios. Don Diego, vengo a enseñarle el problema. Salid. Son las tres, por la señal de la santa cruz. Lectura: Edmundo de Amicis, “Corazón. Diario de un niño”, hoy nos toca el cuento de “El pequeño escribiente florentino”. Recoged. Santa María, madre de Dios. Por la parte de atrás vamos haciendo una fila, siguiendo el orden del último sábado, mientras cantamos: “En pie, camaradas, siempre adelante” y salimos en estampida hacia el patio. Carrera hacia la fragüilla, para combatir el frío, la lluvia o el viento que sopla.”                                             
      
“Mi cabeza da vueltas y gira alrededor de la enciclopedia, entra en su interior, se posa en las celdas de sus hojas y va volando por las páginas de papel amarillento que aún conservan el olor de la infancia: El Cid Campeador, Las palabras según el número de  sílabas, Evangelio de Septuagésima, Jesús dijo a sus apóstoles, Recaredo, Don Rodrigo, La guerra de liberación nacional, Indíbil y Mandonio, Las plantas según sus hojas, Los estados de los cuerpos, Día del estudiante caído, Comisiones, corretajes, transportes y seguros, Serafín y Joaquín Alvarez Quintero, Refieren de un sectario de Lutero, Cuentan de un sabio que un día, Con flores a María que madre nuestra es, Los seres del reino animal, Las islas Filipinas, El héroe de Cascorro...

Me veo en la escuela de don Diego, con ocho años, con nueve, copiando, leyendo, escribiendo, calculando. El maestro unas veces nos oye y otras se abstrae y dormita plácidamente. Alguno tira el tintero encima de la ropa de otro, mientras Marcial deja sin castañas el bolsillo del chaquetón de Perico. El brasero, la leche en polvo, el queso amarillo, la carbonera, los mapas viejos, el olor a tinta y a tiza, el frío pegado a las paredes, todo pasa por delante de mis ojos con un velo de lejanía que difumina los contornos de la realidad y la hace amena en el recuerdo.”


Letra de Días de escuela

Bien abrigado
llegaba al colegio, 
mil novecientos sesenta,
ya va haciendo tiempo.

Sentados frente a una cruz
y ciertos retratos,
entre bostezo y bostezo, 
gloriosos himnos pesados. 

Despertamos en pupitres
de dos en dos,
aún recuerdo el estrecho bigote
de Don Ramón
y la estufa de carbón
frente al profesor,
la dichosa estufa
que no calienta ni a Dios.

Suena el timbre, al fin! 
bocadillo, recreo, evasión
y una tortura más
antes del juego,
la leche en polvo

 y el queso americano.

Sales tú y el gordo después,
yo te cambio los cromos,
te juego al tacón.
Sales tú, la ligo yo,
apuremos el tiempo
que ya nos meten dentro.

 Dos horas de catecismo
y en mayo la comunión,
la letra con sangre entra,
otro capón!
Tarea para mañana,
y, puesto el abrigo,
otra copla a los del cuadro
y hasta mañana Don Ramón.

Y ahora tú qué pensarás,
si cuanto más me oprimían
más amé la libertad
y es a ti a quien canto hoy
enseña a tu hijo
a amar la libertad.



domingo, 27 de agosto de 2017

Puerto Castilla: Álbum



Aquí traigo una colección de fotos de Puerto Castilla, en la que reúno imágenes de varios paseos por el pueblo. 
Una mañana fría de nieve en febrero de 2001, desde el puente del Molino hasta el barrio de abajo.

Una mañana tranquila y soleada de julio de 2004, haciendo el mismo recorrido que en 2001.

Un breve paseo por la infancia, con fotos de finales de los años cincuenta.

Un epílogo con fotos de octubre de 2014, apuntando ya el otoño en la luz y en los árboles.



miércoles, 16 de agosto de 2017

Valencia


Otoño en El Retiro


Plasencia: El Martes mayor



Álbum de Los Navalmorales



Una colección de fotos de Los Navalmorales, en la que reúno, después de una breve cabecera, imágenes de diversos paseos de estos últimos años, acompañada de los compases de la Rapsodia húngara de Liszt.

Una tarde parda y fría de invierno, la nieve, el anochecer y la mañana radiante del día siguiente.

Un breve paseo a finales de febrero, con los almendros en flor.

Una mañana de septiembre en blanco y negro, justo después de las fiestas del Cristo.

Una mañana de verano, desde el alba hasta la salida del sol.


Un día de otoño, lleno de sol y campo.






miércoles, 2 de agosto de 2017

En el primer cumpleaños de Carolina: Andar y andar




               Andar y andar

Tu papi te recogió una tarde
 en la guardería del barrio,
 y al volver, en el gran patio,
 se adelantó y te llamó.

Tú miras al suelo,
 abres en cruz los brazos
 y, decidida, vas andando,
 “un paso, y dos, y tres”.

 Suena el viento,
 tu papi te llama
 y tú le contestas,
“y cuatro, y cinco, y seis”.

 Ves un pequeño problema,
se lo dices, él te anima
 y sigues tu caminata,
“ y ocho, y nueve, y diez”.

Abres mucho los brazos
y sonríes satisfecha,
 y tu papi te abraza
 y  te abrazas a él.

Así fue el primer día
 en el que te soltaste
 para andar ya sola.

Celebrabas tu primer año
y era el comienzo de un mundo nuevo.

El mundo entero esperaba
tu sonrisa radiante y complacida.
 El mundo entero esperaba,
con amor, a Carolina.

      JB, julio 17









Forja, la revista de Los Navalmorales: nuevo número




Acaba de salir el número 31 de Forja, la revista de Los Navalmorales, en cuya edición hemos colaborado. En este número se pueden leer artículos muy diversos, entre los que destacan:
·        En la muerte de Román, el Jockey de hierro, que nació en Los Navalmorales.
·        Actividades de la Biblioteca y de Asociaciones como “La Amistad”, Cáritas, Cruz Roja y Alevines del Pusa.
·        Poemas como el titulado Cuatro calles.
·        Ruta de Los Porches.
·        La Primera Guerra Carlista en Los Navalmorales.
·     “La procesión”, un fragmento del libro De mi tierra, de Francisco del Puerto, en el que se aúnan los saberes del autor con un amor íntimo hacia su tierra.
·      Un análisis de la colección de libros titulada Vientos del pueblo.
·     Un artículo sobre las bondades del albaricoque, otro sobre una película aquí rodada y fragmentos del Pleno municipal último.
·  Datos de la actividad económica Los Navalmorales, población, paro y economía municipal.
 Espero que todo sea de vuestro interés.
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Vídeos sobre la historia de la revista